En la nota anterior, relaté cómo fue el camino que me llevó hacia la medicina natural. Hoy, voy a contarte acerca de la experiencia y por qué me ayudó a descubrir quién soy, qué quiero y hacia dónde voy, pero sobre todo, a comprender que las verdaderas respuestas están dentro de nosotros mismos.

Luego de varios llamados telefónicos de por medio para saber si podíamos ser aceptados en la próxima ceremonia, dado que la mayoría de los participantes ya experimentaban con Ayahuasca hacía tiempo, Cícero nos confirmó que haría una excepción y que definitivamente nos esperaba en su casa. Nos sugirió una dieta libre de carne y grasas, y se despidió muy tranquilo diciéndonos que nos esperaba en su “casa del lago”, como si lo que se avecinaba, fuera algo que uno hace todos los fines de semana. Y así lo era para él.

Empecé a prepararme mentalmente, pero la ansiedad que me acechaba era incontrolable. Preguntas como: “¿Qué voy a sentir? ¿Qué hago si me siento mal? ¿Qué pasa si me vuelvo loca? ¿Qué voy a descubrir de mí?” eran las que más me invadían. Le preguntaba a mi novio cómo se había sentido en su primera experiencia, qué hacer si uno tiene un mal momento. Pero hoy, a la distancia, creo que el mayor temor que tenía era descubrir quién era yo realmente, debajo de todas estas capas que vamos construyendo con el tiempo. Tenía miedo al miedo.

Alrededor del mediodía del sábado 1 de agosto de 2015, nos dirigimos a la casa de Cícero, preparados para vivir la experiencia. Faltaban 3 días para encarar el ansiado viaje en barco que recorrería durante 7 días el Río Amazonas (durmiendo en hamacas paraguayas) y, a la vez, 5 días para mi cumpleaños. Estos hechos no me parecían una coincidencia; si iba a renacer, creo que iba a ser con todas las letras.

Llegamos a la casa junto al lago. Cícero era un hombre canoso, pero jovial, bastante exigente y buena onda al mismo tiempo. Nos dejó colocar nuestra carpa y rempezó a responder las miles de preguntas que teníamos en nuestra cabeza. Por suerte, para mi tranquilidad, debo admitir que su presencia y la seguridad que emanaba, me calmaron bastante… sentí que ya estaba jugada a que sucediera lo que tenía que suceder.

El último hecho que me delató que esa noche la Ayahuasca transformaría mi vida, era la presencia de la luna llena. Todos sabemos lo que ella significa, de modo que la revolución que estaba por llegar, iba a ser potente.

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Llegando al portal divino

Cerca de las 10 de la noche, ya con todos los asistentes presentes, nos reunimos tomados de las manos en ronda sobre la arena, a orillas del lago y en plena luz de luna llena.

Relajamos el cuerpo, nos estiramos y cantamos el mantra Om. Luego, subimos a la terraza donde tendría lugar la ceremonia. Mi miedo era tal que hablé con Sara, una brasileña que estaba a mi lado y que me transmitió la última sensación de calma que necesitaba para empezar mi proceso: “A sensação é maravilhosa” (la sensación es maravillosa) y entonces, uno a uno, Cícero comenzó a llamar por nombre. Dado que era mi primera vez experimentando con la medicina natural, fui llamada en seguida. “Que seja un trabalaho na paz, amor e armonía” (que sea un trabajo en paz, con amor y armonía), fueron las palabras que dijo mi guía de aquella noche en la que mi vida, jamás volvería a ser la misma.

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Casi temblando, tomé el pequeño vasito que contenía la bebida amarronada que Cícero había hervido durante varias horas (así es el proceso de cocción que requiere la Ayahuasca). Lo tomé y fui a sentarme en postura de meditación junto a Brian, mi novio, mientras una música que jamás había oído, sonaba de fondo.

A los pocos minutos, empecé a sentir algo muy extraño en el cuerpo, como una sensación de mareo que ya me impedía abrir los ojos, por más que lo intentara. La música me fue llevando, y  la meditación profunda comenzó. Recuerdo que parecía como una película, pero de mí misma, porque transcurrían imágenes personales que se mostraban como en una gran pantalla. Entonces, empecé a ver mi historia, a mi familia, tal como  si fuese un film.

Me conecté con el rol que juega cada uno, qué representan para mí… imágenes de bienestar, armonía y fuerza, recorrían mi cuerpo junto a visiones de espacios naturales maravillosos e inalcanzables en este plano; puros, perfectos, sanadores y cristalinos.

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Sentía como hablaba con seres queridos a los que no había podido decirles muchas cosas. Y a medida que hablaba, sanaba y sanábamos… ellos también se conectaban conmigo y expresaban sentimientos que tenían guardados en su interior, que jamás me habían podido expresar. Lágrimas de alivio y limpieza, invadían mi rostro, como si nadara en un río, con músicas de fondo (nativas, chamánicas) que nos incitaban a abrir nuestro corazón, nuestro interior, nuestros sentimientos para renacer.

Todo era mágico, hermoso. Era un viaje de plenitud hacia lo más profundo de mi ser. Podía ver cosas que jamás podría percibir con tanta claridad en este plano y, al mismo tiempo, era posible revivir situaciones muy reprimidas, llevándome a recuerdos de mi infancia que necesité sacar a la luz.

Las sensaciones que recorrían mi cuerpo eran de felicidad, sanación y revitalización. Un renacer constante.

Segunda toma de la medicina natural: un momento difícil de sortear

Te estaría mintiendo si te dijera que toda la experiencia fue en paz y armonía  y, justamente, esa no es la idea. Con esto nota quiero contarte gran parte de lo que viví para que puedas acercarte, aunque sea un poquito, a lo maravilloso que puede ser animarse a salir de la zona de confort y crecer, experimentando con la medicina natural, como la Ayahuasca.

Unas dos horas después de haber tomado el primer vaso, Cícero llamó a quienes querían hacer una segunda toma. Entré en la duda, pero una voz femenina (que me venía hablando durante toda la experiencia), me dijo: “Hacelo”, así que fui en búsqueda de él.

Al principio, todo iba a bien, hasta que el efecto empezó a potenciarse para esta vez, sentir todo lo contrario a cómo se venían dando las cosas: la voz me hablaba desde la oscuridad, la música me traía sensaciones extrañas y las visiones que tenía, también eran oscuras. Sentí una necesidad impetuosa de vomitar, pero no podía pararme para ir a un baño o, mucho menos, al jardín. Mi cuerpo estaba “muerto”, no tenía fuerzas.

En ese momento, abrí los ojos para ver si Brian estaba al lado mío, pero se había ido… y mejor, porque no tenía modo de expresar lo que me pasaba. Frente a tanta oscuridad, de repente empecé a respirar, a tratar de tranquilizarme y fue allí cuando la voz femenina volvió a hablarme, esta vez para decirme: “¿Ves? Muy bien. Así es la vida… no debes depender de otros. El bienestar y equilibrio están dentro tuyo.” Y, sin duda, ese fue uno de los mayores aprendizajes que me enseñó la Ayahuasca, pues así es: por más que uno pida ayuda a gritos, el único modo de encontrar la tranquilidad, está dentro de somos nosotros mismos. ¿De qué modo? Permitiéndonos escuchar nuestros sentimientos, nuestra voz interior, prestando atención a lo que sentimos y aceptándonos.

Con el pasar de las horas, supe que esa voz femenina que tanto me hablaba, era la planta para transmitirme sus enseñanzas. ¿Qué maravillosa que es la naturaleza, no? Muchos dicen que la Ayahuasca aparece como espíritu de diferentes formas, ya sea en forma de serpiente o de voz. Por mi parte, escuchaba sus palabras constantemente, mostrándome el camino, llevándome al pasado y abrazándome, como una madre que reta y protege al mismo tiempo, brindándote amor y calor.

Y así, con el pasar de las horas y guardando cada enseñanza en lo más profundo de mi corazón, vi como mi cuerpo era tragado por el mar, dejando morir algo viejo, para dar lugar a un nuevo ser. Desde ese día, ya no soy la misma. Claro que sigo teniendo cosas para trabajar y elaborar, de eso se trata la vida, pero la purificación y el despertar de amor que me ha regalado la planta, están presentes en mí a cada instante; entonces así, pude empezar a vivir un camino del corazón.

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Las enseñanzas más importantes que me dejó la Ayahuasca

  • Lo único real es lo que sentimos dentro nuestro.
  • Sobre la gratitud: la Tierra nos da todo; en ella se encuentra la energía divina y, por eso, debemos respetarla, cuidarla, amarla y honrarla. En la Pachamama está la cura para las enfermedades, el poder de oxigenarnos y la sabiduría, por tanto, es bueno agradecerle siempre por lo que nos da.
  • El poder de la compasión. La Madre Ayahuasca (como muchos le dicen debido a que, como comentaba más arriba, es como una madre que cuida y enseña) me ha develado que debemos amar y respetar a los otros, a través de la comprensión. Cada uno tiene su camino, conflictos y limitaciones, por lo que debemos respetar, sin juzgar. Todos tenemos retos que desafiar, y ninguno es más o menos “grave” que otros.
  • En relación a la compasión, deviene el sentimiento de amor por el otro, de abrir nuestro corazón, como dicen muchas de las canciones que se cantan en los rituales. Abrazar a los otros, mostrar cariño, agradecer, sonreír. Cuanto más abrimos nuestro corazón, más liberamos, más puros somos y mejor nos sentimos.
  • Evitar el consumo excesivo: de nada sirve comprar y acumular cosas que no precisamos. Por el contrario, si vivimos de esta forma, nos sentimos cada vez más pesados, con más obligaciones que cumplir y menos libres. La felicidad no radica en el tener, sino en el SER.
  • Dieta sana: Abunda en mí una necesidad de comer saludable, no más de lo que mi cuerpo me pide y de no ingerir alimentos ni bebidas que dañen mi cuerpo físico.
  • Seguir siempre el camino del corazón: no conduce a nada bueno vivir una vida de acuerdo a lo que otros quieren de nosotros. Ser fiel a uno mismo, nos libera. De lo contrario, nos autoflagelamos, instalando en nosotros síntomas, enfermedades y una calidad de vida que no hace más que traernos sufrimiento espiritual y físico.
  • Las respuestas y las verdades no están en la matrix ni en las falsas necesidades que ésta nos crea: por el contrario, vivir en comunión con la naturaleza, valorando cada detalle, cada movimiento, cada ser vivo, por más ínfimo que sea, nos permite estar en armonía y conexión con nosotros mismos. Todo el tiempo están sucediendo cosas; el universo jamás se detiene, y cada una de ellas, es un verdadero milagro.

Conclusiones finales

Vivimos en una especie de cápsula, que nos quiere conducir al lugar opuesto; a la desconexión de nuestro ser para conectarnos con internet, a llenarnos de deudas por cosas que no precisamos y que lo único que hacen es generarnos estrés y sufrimiento.

Una vez que experimentas la Ayahuasca, tus prioridades cambian; ya no podés mirara un lado, llevar la misma vida que antes, mantener las prioridades que te acompañaron siempre y manejarte desde una actitud orgullosa o egocéntrica. No, eso ya no es posible, porque la planta nos abre al amor, a la gratitud y a la felicidad. Y una vez que este portal aparece, no se vuelve a cerrar nunca más.

El mayor desafío de experimentar con plantas medicinales no es sobrellevar el trance, por más que puedas sentirte muy mal, tener momentos de malestar  o dolor… el verdadero desafío es volver a tu vida normal, a tu rutina y empezar a implementar las enseñanzas que te fueron develadas, modificando tus hábitos, creencias y costumbres de años; vale decir, salir de tu zona de confort para comenzar a llevar una nueva vida, plena y genuina.

Debo admitir que me resultó difícil poner en palabras cómo fue mi experiencia porque es algo tan abstracto y lejano de lo que estamos acostumbrados, que se torna muy difícil. Aún así, espero haber podido transmitirte, aunque sea un poco, lo maravilloso que es trabajar con la medicina natural para autoconocernos y crecer.

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Nota: Si querés tener un acercamiento a esta experiencia, podés conocer cómo es la música que se utiliza durante estas ceremonias sagradass:

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